El pasado 14 de febrero tuve la oportunidad de participar en el Cineforum de APD, presentando la película “Jefa por Accidente”, a partir de la cual reflexioné ante los asistentes acerca de las consecuencias reactivas que toda persona vive, directa o indirectamente, y tarde o temprano, en un mundo a veces hostil como lo es el entorno laboral.

Cuando vi la película tuve la sensación de haber vivido en el pasado experiencias similares, en algún nivel, tanto en primera persona, como siendo testigo de otras personas.

La exigencia del mundo laboral nos pone a prueba a todos y a todas, chequeando cómo de éticos, justos, generosos, y humildes son nuestros comportamientos.

La película Jefa por Accidente es una buena excusa para poder pensar en como estamos actuando ante situaciones críticas que nos pueden hacer caer en la tentación de optar por comportamientos reactivos o tóxicos, y saber qué nos puede ayudar a salir de las mismas.

 

En un entorno laboral las personas podemos llegar a mostrar este tipo de actitudes negativas ante una opción de promocionar, una revisión salarial, un proceso de selección, un conflicto entre compañeros, un error cometido, o un proceso de reestructuración, entre otros.

 

La película en cuestión tiene que ver con un proceso de selección en el que la protagonista está tentada en escoger el camino rápido, aunque éticamente reprobable, para progresar profesionalmente.

Ante estas situaciones críticas que viviremos durante nuestra vida laboral, y con la finalidad de optar por un comportamiento positivo y sostenible, será fundamental acordarse de tres acciones que debemos potenciar:

 

  1. Mostrar vulnerabilidad
  2. Comprometerse con la propia libertad personal
  3. Volver a empezar

 

 Mostrar vulnerabilidad

Es uno de los grandes aliados, y a la vez el gran infrautilizado, de nuestro liderazgo personal.

A menudo cuando pregunto a profesionales que piensan de la vulnerabilidad en el entorno laboral, me apuntan a conceptos negativos; ya que existe la creencia de que esto tiene que ver con la debilidad, la pérdida de  reputación, o con el que se puedan aprovechar de uno mismo. Existe el miedo a que, si uno se muestra vulnerable, se pierda oportunidades profesionales, o que se deteriore la imagen personal.

 

Por este motivo no decimos, ni mostramos, ni hacemos aquello que, aún siendo una realidad para nosotros, puede ser (y aquí está la creencia) usado en nuestra contra. Pero las personas nos expresamos no sólo a través de nuestras palabras y, al final, la verdad se manifiesta a través de varias señales que hace que la gente perciba nuestra máscara, lo que, a su vez, nos aleja de ellos.

Las personas nos sentimos atraídas por las personas auténticas; aquellas que muestran sus fortalezas desde la seguridad personal y desde su determinación, pero que también son capaces de compartir y expresar sus dudas, sus miedos, y sus debilidades.

Mostrarse vulnerable es el camino no sólo para ser creíbles e influir en los demás, sino también para, desde la honestidad y humildad, vivir de forma coherente con nuestras fortalezas e inquietudes. De esta forma la vulnerabilidad nos ayudará a manejar estas situaciones críticas en el trabajo que nos tientan a usar comportamientos tóxicos.

 

Comprometerse con la propia libertad personal

Ante situaciones delicadas, o en medio de conflictos, es cómodo actuar yendo a lo seguro y hacer aquello que se espera de nosotros, con la finalidad de complacer y agradar a los demás.

A menudo es un patrón que hemos adquirido desde pequeñitos o pequeñitas, alimentando la creencia de que la gente nos aprecia, admira o quiere cuando hacemos lo que quieren que hagamos. Cuando esto entra en nuestro software humano, nos convertimos, sin quererlo en unos esclavos de las agendas y sueños de los demás, desconsiderando nuestros propios objetivos y prioridades. Necesitamos empresas con personas valientes, que no vayan a agradar a sus superiores, sino que estén comprometidas con la organización, sus integrantes y con los clientes finales; y para ello se requiere de mucha libertad personal.

Una persona que actúa y se manifiesta de forma libre tiende a respetarse a ella misma, lo cual le hace tener seguridad personal, lo que, a la vez, le hace respetar a los demás. Cuando, por el contrario, no nos respetamos, es fácil que no respetemos a las personas de nuestro entorno.

 

Volver a empezar

La competitividad del entorno profesional, externa e interna, nos empuja con tal intensidad, que de forma recurrente, y como hemos visto con anterioridad, evitamos mostrarnos vulnerables, a la vez que nos mostramos complacientes para no fallar a los demás, olvidando nuestras propias agendas; y al hacerlo, nos sentimos huérfanos y con sentimiento de autotraición personal. Pero por duro y frustrante que sea cuando ocurre, es importante también recordar que ni es el fin del mundo, ni se trata de algo irremediable.

 

Es necesario, pues, tomar conciencia de que siempre estamos a tiempo de empezar de cero, y volver a dar nuestra mejor versión; ya que después de un mal día, que lo tendremos, nos ayudará pensar que al día siguiente tengo una nueva oportunidad para mostrarnos de la forma que quiero y necesitamos ser. Así que… ¿porqué no aprovecharla esta vez?

Como hemos visto, mostrar vulnerabilidad, comprometerse con la libertad personal, y volver a empezar, son tres acciones que debemos cultivar y practicar para disfrutar, no sólo de nuestro entorno profesional, sino también de nuestra vida en general.

Enric Arola