La finalidad de ejecutar nuestras actividades empieza con preguntarnos para qué las hacemos. Nos ofuscamos con la manera, el cómo, y nos olvidamos de si eso es lo que buscamos, o no.

Decir que las organizaciones viven en constante cambio no es ninguna novedad. Es más: podríamos decir que es obvio ya que el entorno donde habitan es cambiante por naturaleza, y que esto es algo que ha ocurrido siempre. La novedad es que ahora nos parece que los acontecimientos se suceden de forma mucho más rápida que antes, ya que los procesos productivos, la tecnología, y las propias demandas de los consumidores (todos nosotros) han provocado que exista un ritmo más frenético en nuestra sociedad. Nos olvidamos del  “Para Qué” de la Organización y que esto repercute en el éxito de la misma.

Las organizaciones pueden llegar a estar obsesionadas por el “Cómo” en estos tiempos que corren. Cómo ser más competitivas en sus servicios o productos, cómo re-inventarse para sobrevivir, cómo atraer y saber retener a personas con talento para marcar la diferencia, etc.

Es por ello que muy a menudos, y fruto de este sentido de la urgencia, las compañías sienten que deben moverse muy rápido para no quedarse fuera de juego. El problema suele ser que a veces estos movimientos son en balde o de poco valor.

Este correr para seguir en el mismo sitio es fruto no sólo de la necesidad del presente, sino también a causa de la cultura y la historia pasada de la misma organización. De hecho, no todas las compañías se mueven a la misma velocidad ante situaciones o amenazas parecidas.

En todo caso la tendencia generalizada es olvidar pararse para entender realmente el propósito (su “Para Qué”) de la organización y así, a posteriori, poder mejorar sus procesos (su “Cómo”), y de esta manera aumentar la calidad de su producto o servicio (su “Qué”).

Para qué de la organización

Muy a menudo nos encontramos delante de equipos directivos en sesiones de team coaching donde sus integrantes se presionan entre sí, e incluso a los facilitadores, a buscar las fórmulas para moverse más rápido y así aumentar productividad y competitividad. La tentación de saltarse muy rápidamente la fase del propósito es muy grande.

Los líderes de las organizaciones tienen la gran responsabilidad de encontrar el equilibrio entre dos aspectos clave para el éxito futuro y saber cómo fomentar una cultura de liderazgo en una organización:

  1. empujar a la organización para encontrar la manera de hacer las cosas mejor y más rápidamente, el cómo
  2. hacer parar a la organización de forma recurrente para entender el propósito final, para qué y así focalizar mejor sus recursos y energía

Cómo trabajar el “Para Qué” de la Organización

Ante momentos de cambio o rediseño es bueno que la organización haga chequeos periódicos a su propósito preguntándose lo siguiente:

  • ¿Para qué existe nuestra organización?
  • ¿Cómo sirve nuestra organización a la sociedad?
  • ¿Cómo sirve a sus accionistas?
  • ¿Qué hará que nuestros clientes nos compren?
  • ¿Qué va a hacer que las personas quieran trabajar con nosotros?
  • ¿Qué hará que los trabajadores quieran permanecer siempre a nuestra organización?

Seguro que todas estas preguntas, formuladas de forma regular, harán que las organizaciones transiten de forma más eficaz y eficiente el arduo camino hacia el futuro de la gestión empresarial.

Si no la has visto todavía, te recomiendo la conferencia TED de Simon Sinek (How great leaders inspire action) donde habla de los tres niveles en los que opera la organización.

Enric Arola