Cada vez que estoy delante de un equipo me fijo en su personalidad como si estuviera ante un individuo: Su expresión, sus deseos, sus miedos, sus fortalezas, sus dificultades, e incluso sus tics. Un equipo es como una gran orquestra con muchos instrumentos que tocan una música concreta. Algunos tienen más instrumentos que otros pero todos componen una serie de notas que los hacen singulares. Hoy voy a hablaros de los roles internos en el equipo.A los que nos dedicamos al desarrollo de los equipos nos gusta distinguir entre los roles externos y los roles internos del equipo. Los primeros tienen que ver con las responsabilidades funcionales que les asignamos a sus integrantes. Uno es el responsable de una actividad, el otro es el que lleva tal función, etc. Es aquella “etiqueta” o identidad que otorgamos a la persona en función de la tarea realizada dentro del equipo. Esto es algo que podemos identificar desde fuera del grupo y que, aunque no formemos parte del mismo, podemos ver.

Por otra parte, están los roles internos. Estos vienen determinados por las contribuciones naturales realizadas por sus miembros en función de su personalidad o actitud. Es su tendencia espontanea marcada por su carácter. A menudo esto es más difícil de conocer si no formamos parte de ese grupo o si no tenemos relación con el mismo. El profesor Belbin identificó tres grandes grupos de roles internos:

  • Los roles mentales. Son aquellos que aportan una contribución ligada a la actividad racional de sus miembros. Entre estos encontramos el rol Cerebro, el rol Monitor-Evaluador, y el rol Especialista.
  • Los roles sociales. Son los que aportan la conexión entre las personas en sus dimensiones productivas y positivas. Entre estos encontramos el rol Coordinador, el rol Cohesionador, y el rol Investigador de Recursos.
  • Los roles de acción. Son los que determinan el movimiento e impulso creado por el equipo para conseguir sus objetivos. Entre estos encontramos el rol Impulsor, el rol Implementador, y el rol Finalizador.

Si todos ellos son necesarios para que el equipo sea rico y creativo, también es cierto que éste tiende a “comportarse” de una determinada manera en función de estos “instrumentos”. De esta manera a veces observamos equipos que viven únicamente en el “hacer” y se olvidan de fortalecer sus relaciones, o grupos con una personalidad muy jovial y alegre pero que no consigue lo que buscan, o también equipos que se paralizan en su día a día por el exceso de análisis y raciocinio.

En todo caso el “sistema” (equipo) es sabio por naturaleza e intenta que sus integrantes aporten aquello que necesita para seguir desarrollándose. De esta manera, por ejemplo, si existe mucha tensión entre sus miembros, seguro que habrá uno de ellos que intentará ejecutar el rol de cohesionador. Labor que le va a corresponder a la persona que tenga mayor sensibilidad para ello.

Esto es algo que forma parte de las leyes de la naturaleza desde el momento de su formación. Así un animal que no sea rápido deberá saber camuflarse bien para no ser pasto de sus depredadores. Y también encontramos numerosos ejemplos en nuestro día a día, como la forma en la que una pareja educa a sus hijos ya que la madre aporta algo distinto a lo que el padre aporta.

Si esto es así, ¿Qué podemos hacer en el caso de los equipos productivos para que su música sea mejor?

Los roles internos en el equipo

Como equilibrar los roles internos en el equipo

Por descontado, los responsables o líderes de equipos, como buenos directores de orquestra, pueden seguir una serie de recomendaciones para que los instrumentos se complementen mejor y se integren unos con otros sin desafinar.

  • Identifica cuál es el poder musical de tu equipo. Es importante empezar a tomar conciencia de qué tipo de música le gusta más tocar a tu equipo. Esto hará que la vaya perfeccionando y dedique más esfuerzos en sacarle todo el jugo. Un equipo de fútbol que no sea muy técnico, pero sí muy dotado físicamente, deberá sacar partido de estas condiciones.
  • Incorporar nuevos instrumentos al equipo. El líder debe tener identificado en todo momento los instrumentos necesarios para conseguir la música que el público (organización) desea. Para ello tiene varias opciones. Una es fichar a un solista del mercado (difícil en los tiempos actuales), otra es buscar la colaboración de solistas de otras orquestras para que puedan enseñar a los músicos titulares a descubrir otros instrumentos, y otra es la de buscar alianzas con otras orquestras para tocar alguna pieza juntos para el deleite del público.
  • Evitar forzar a los músicos a tocar la música que no desean. El desempeño excelente nace cuando se disfruta de la ejecución, de ahí que no es deseable que empujemos a alguien del equipo a que ejerza un rol que no desea. Esto puede ocasionar lo que llamamos “náusea de rol”. El músico debe conectar con su instrumento y éste a su vez entregarse a la persona.

Que disfrutes de la música de tu equipo.

Enric Arola