En un mundo laboral tan exigente es fácil caer en la tentación de pensar que la falta de productividad o de cohesión en los equipos viene determinada por la presencia de un líder tóxico.

Y si no, un compañero tóxico, un equipo tóxico, una organización tóxica, un mercado tóxico... El liderazgo tóxico, ¿cómo actuar ante él?

Personalmente tengo que reconocer que cada vez que se usa el adjetivo tóxico refiriéndose a una persona o colectivo me invade una sensación de incomodidad y hasta un sentimiento de injusticia. ¿La causa? Porqué pienso que nadie es merecedor de esta etiqueta, y al mismo tiempo todos nos la merecemos de vez en cuando.

¿Quién puede afirmar que su liderazgo (como persona y como profesional) es siempre resonante, positivo, creativo e integrador? Yo personalmente no conozco a nadie. Todos, absolutamente todos, tenemos momentos donde nuestro liderazgo cae en las garras de la reactividad, bien sea por el miedo, la ignorancia o la desesperación. Y en estos momentos nuestras conductas pueden llegar a ser muy tóxicas, aún sin desearlo.

La presión recibida, el stress continuo, o el bajo tono físico nos invitan a usar recursos que muy a menudo no son los más saludables y deseables para el resto de personas de nuestro entorno, pero que nos ayudan a cubrir con nuestras necesidades del momento. Son recursos que a corto plazo nos pueden ser muy valiosos y útiles, aunque a largo plazo nos están perjudicando ya que disminuyen la calidad de las relaciones con los demás. Si quieres entrenar tu liderazgo, te invito a que leas las 12 técnicas para entrenar tu liderazgo mental.

John Gottman es un profesor de psicología conocido por su trabajo de investigación en el mundo de las relaciones de pareja. Gracias a sus aportaciones hoy en día entendemos más los mecanismos de la comunicación entre individuos, no sólo en el campo de las relaciones íntimas sino también en cualquier otro tipo de relación entre personas, incluido el entorno profesional.

Según Gottman los tóxicos son mecanismos de autoprotección que se activan en momentos en los que percibimos un entorno hostil o que no sabemos como manejar. Frente a personas con las que no nos sentimos cómodos, será también muy posible que se manifiesten este tipo de actitudes.

Los cuatro jinetes del apocalipsis

Gottman define cuatro tóxicos, usando la metáfora de “los cuatro jinetes del apocalipsis”, que deterioran la comunicación entre las personas. Cada vez que se “usan” algunos de éstos, los “destinatarios” o “receptores” de los mismos se sienten impactados negativamente a nivel emocional. Es por este motivo que son considerados como comportamientos que incluyen algún tipo de “veneno emocional”.

person-629676_1280

Estos son los siguientes:

  • La culpa:

Se trata de actitudes de crítica hacia alguien que se considera el responsable de una acción no realizada o de una necesidad propia no cubierta.

  • La defensa:

Es la justificación ante peticiones o demandas realizadas, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el asunto en cuestión.

  • El muro:

Se trata de comportamientos de protección o amurallamiento que cortocircuitan la comunicación o la hacen inviable.

  • El desdén:

Es el uso del sarcasmo, la ironía destructiva, o de la comunicación no-verbal que conllevan una falta de respeto a la contribución o identidad del interlocutor.

Como es de imaginar, estos tóxicos se retroalimentan unos a otros. La defensa por ejemplo se siente “invitada” cada vez que la culpa interviene, así como el muro es una reacción habitual al desdén.

Muy a menudo pueden verse también actuando en parejas, siendo habitual por ejemplo que alguien se justifique (defensa) criticando al mismo tiempo a alguien (culpa).

Todas las personas tenemos nuestros “favoritos” que usamos ante situaciones donde tiramos de recursos reactivos. Es bueno entender y reflexionar sobre mi tendencia tóxica, así como detectar y entender las acciones tóxicas de los demás.

Cuando tomamos conciencia de esto somos capaces de empezar a gestionar respuestas más positivas ante situaciones críticas sin sucumbir a reacciones tóxicas. Para ello nos puede ayudar el uso de lo que el autor llama “los antídotos a los cuatro jinetes”. Se trata de acciones para neutralizar o minimizar los efectos dañinos de los mismos.

Sabemos que los tóxicos no van a desaparecer nunca ya que son inherentes a la conducta humana, pero lo que sí podemos es rebajar su toxicidad al máximo para convertir procesos de comunicación destructivos en procesos de comunicación constructivos.

Como neutralizar el liderazgo tóxico

Una vez detectado el tóxico usado por la persona, debemos emprender una acción para neutralizar o minimizar sus efectos. En otras palabras, debemos buscar un antídoto apropiado en cada caso.liderazgo-toxico-como-actuar-ante-el

A continuación se muestran algunos de los antídotos para usar ante comportamientos tóxicos ajenos; es decir, cuando alguien comunica con nosotros de forma tóxica.

Para la Culpa:

  • Transformarla en una petición, poniéndose a disposición de la persona que culpa
  • Hacer hablar al otro desde el “yo” (apropiación juicio)
  • Llevar el discurso al terreno de los hechos (aportar datos)

Para la Defensa:

  • ¿Qué 2% de verdad hay en lo que te digo? Buscar el vínculo común
  • Normalizar o legitimar la emoción que tiene el que se defiende
  • Poner el foco en el problema o comportamiento, no en la persona

Para el Muro:

  • Ser curioso. Indagar en la situación y necesidades de la otra persona
  • Comentar a la otra parte si podemos hacer algo para facilitar el diálogo
  • Manifestar como nos sentimos, mostrando nuestra vulnerabilidad
  • No tomárselo a título personal

Para el Desdén:

  • Intervenir en el momento para hacer evidente la presencia del mismo. Nombrar su aparición sin culpa
  • Facilitar un espacio para el desahogo, con la finalidad de que el desdén no siga escalando
  • Indagar en el origen, para poder entender su necesidad primaria

Cada uno de estos antídotos debe ser utilizado con regularidad y de forma sistemática, entendiendo que para algunas personas será más útil y de transferencia rápida, mientras que con otras se requerirá mucho más tiempo y constancia en su uso para empezar a ver resultados.

En cualquier caso vale la pena intentarlo una y otra vez. Las relaciones entre las personas se lo merecen.

 

Enric Arola