No hay duda de que el mundo nos empuja cada vez a ser más productivos. Tenemos que aumentar eficiencia si queremos ser competitivos y gestionar un entorno cada vez más complejo e incierto. Pero, ¿Cómo hacerlo? A veces la respuesta es más obvia de lo que parece. Simplemente tenemos que hacer uso de la primera regla de la productividad.

Liderar, decidir o trabajar en equipo en la actualidad es más difícil de lo que era en un pasado no demasiado lejano. Existen una serie de motivos que nos lo ponen cada vez más retador:

  • Las variables a considerar son ilimitadas. El mercado a satisfacer ya no es sólo local, sino global.
  • Todos tenemos en la actualidad la puerta abierta a un sinfín de conocimiento e información de acceso fácil.
  • Las posibilidades de conexión entre las personas es global y hasta gratuita
  • Utilizamos herramientas y tecnologías que se actualizan de forma rápida y con prestaciones inimaginables
  • Las retribuciones por las prestaciones realizadas vienen determinadas por un claro servicio de valor añadido percibido por el cliente, ya que éste dispone de mucha oferta a bajo coste e inclusive gratuita
  • La abundancia y la sobreprotección en el pasado nos han hecho tender a esperar que “nos salven” o nos faciliten desde “fuera” lo que necesitamos

¿Cómo aplicar la primera regla de la productividad?

En frente de este nuevo panorama debemos seguir la siguiente regla:

“Empieza a generar en ti y en los demás un “movimiento” que te impulse hacia el objetivo deseado”

Para ello debemos provocar los siguientes hábitos:

  • En muchos casos debemos empezar a tomar alguna acción aunque no esté clara la eficacia de la misma. Sólo al empezar a movernos veremos como continúa el camino. Si no es éste, siempre estaremos a tiempo de dejarlo y probar con algún otro.
  • Empezar el “movimiento” no significa que debemos ir más rápido, simplemente significa que no vamos a caer en la parálisis por el análisis intentando entender compulsivamente la enorme complejidad del entorno en el que operamos.
  • Cuando nos movemos nosotros, provocamos movimiento en los demás, cual onda expansiva.
  • Cuando nos ocupamos haciendo cosas, aparcamos la tendencia en preocuparnos y tirar pelotas fuera, culpando o justificándonos por la no consecución de objetivos.
  • Cuando iniciamos el movimiento estamos potenciando una cultura donde la iniciativa y la innovación están premiadas, y donde no se penaliza el error.

¿Nos ponemos en marcha?

Enric Arola