En el anterior artículo reflexioné acerca de las dinámicas de poder dentro de las organizaciones, indicando el peligro que supone hacer un mal uso de este, bien por su abuso, o bien porque se infrautiliza cuando es necesario. En esta segunda parte del artículo ahondaré en cómo podemos llegar a gestionar el poder de forma correcta.

El poder es algo inherente a la vida, y por consiguiente ni se le puede dar la espalda, ni se le puede etiquetar como algo perverso. Si a menudo se le otorga muy mala fama es porque al abusar de este, se ningunean los derechos o necesidades de los que tienen menos poder en un determinado contexto. Y esto causa mucho dolor y mucho resentimiento que marca el futuro de las relaciones entre las personas, así como de la productividad de los sistemas organizativos.

 

Pero también se produce malestar y confusión cuando se está evitando usar el poder en un determinado momento en el que se requiere tanto para el bien individual, así como también para un bienestar común. Es por esta razón que nos conviene a todos y a todas reflexionar acerca de cómo podemos gestionar el poder de una forma más saludable y sostenible con nosotros mismos y con los demás.

 

Requisitos para una gestión responsable del poder en la organización

 

Algunas de las consideraciones a realizar para saber gestionar el poder de una forma más equilibrada con el entorno, y evitar así su abuso o su infrautilización, son las siguientes:

 

  • Tomar conciencia de las dinámicas del poder

El poder es intrínseco a la situación y a un momento determinado. Es por este motivo que a veces podemos estar en un contexto de supremacía de nuestro propio poder, mientras en otras nuestro poder está subordinado respecto a un poder mayor.

Entender esto nos va a hacer ver el conflicto desde una posición más distante para, desde la relativización, gestionar la situación con más perspectiva y entendiendo su “juego sistémico”. No tomárnoslo a título personal nos ayudará mucho a hacer una buena gestión del poder.

 

  • Alinear nuestro poder personal con nuestro poder posicional

De nada nos sirve ocupar una alta posición de responsabilidad en una compañía si nuestro sentido interno de poder nos hace bajar la cabeza y nos hace pequeños al no sentirnos seguros de nosotros mismos.

La inseguridad que habita en el interior de alguien que no siente su poder, hace que su poder externo no sólo esté infrautilizado al realizar contribuciones en el entorno, sino que además puede llegar a causar mucha agresividad por estar a la defensiva.

Hacer una profunda reflexión acerca de los roles que realmente queremos ocupar en los distintos sistemas a los que formamos parte, nos ayudará a conseguir incrementar nuestra naturalidad y equilibrio emocional al relacionarnos con los demás.

 

  • Asumir la gran responsabilidad de tener más poder en una situación determinada

Así cómo la madre o el padre deben ser más responsables que sus hijos, o el responsable debe empezar por dar ejemplo delante de sus colaboradores, cualquier persona que en una situación tenga más poder (personal o posicional) debe ser consciente de actuar con mucho respeto, y ser muy sensible al impacto que genera en la persona que en ese contexto determinado tenga un poder inferior.

Preguntar por la necesidad ajena desde una escucha activa real, así como explicar con detalles la necesidad propia, pueden ser formas que ayuden a la persona con más poder a hacer un buen uso de este.

 

  • Comunicar a las personas sobre la necesidad de respetar el propio rol en el sistema

Para hacer un buen uso del poder, y así evitar su abuso o su infrautilización, también es necesario saber comunicar a las personas del entorno acerca de su uso.

Como individuos, es muy posible que tengamos deseos o posicionamientos que nuestro determinado rol en un sistema no nos permite sostener. Es más, la función determinada que ocupamos en algunos momentos nos obliga a realizar una serie de acciones que, quizás, como personas (preferencias individuales) no haríamos.

Es por ello por lo que al hablar de nuestras acciones o elecciones delante de los demás, es necesario aclarar desde qué posición o rol lo estamos haciendo. De esta manera, permitiremos que las personas de nuestro alrededor entiendan mejor nuestros posicionamientos, y así se evitará que los conflictos se conviertan en disputas personales.

 

Espero que estas reflexiones te pueden ayudar a gestionar tu poder de forma más respetuosa, y al mismo tiempo más determinante. No es fácil conseguir el equilibrio ideal, pero sólo tomando conciencia y practicando podemos llegar a conseguirlo.

 

Enric Arola