Hace pocos días tenía sesión de coaching con un responsable de una compañía que tengo la suerte de tener como cliente desde hace ya algunos años. Se trata de un proceso ya avanzado y donde el coachee es una persona con un enorme compromiso con su propio desarrollo profesional y con el de las personas de su entorno. Durante la sesión me comentó una cosa que me hizo pensar en una importante competencia del líder o responsable de equipos: Hacer brillar a los demás.

Los que estéis leyendo este artículo y seáis madres o padres estaréis de acuerdo conmigo en la siguiente afirmación: Todos queremos lo mejor para nuestros hijos y deseamos de corazón que incluso nos lleguen a superar a lo largo de la vida en logros académicos, profesionales o, porqué no, incluso en felicidad.

Tanto es así que aprovechamos cualquier momento cuando estamos con amigos o compañeros de trabajo para hablar maravilla de nuestros descendientes. De hecho, nosotros somos los principales responsables de su aprendizaje y desarrollo en muchas fases de la vida. En parte, si lo miramos desde una perspectiva determinista, estamos sembrando consciente o inconscientemente parte de sus éxitos o fracasos futuros.

Esto tiene alguna similitud respecto a la relación que se establece entre un responsable y sus colaboradores dentro de una organización. Obviamente no hay vínculo de sangre, pero existe vínculo de dependencia igualmente. En ambos casos son faros que iluminan el camino de otras personas que quieren hacer camino dentro de un sistema mayor lleno de obstáculos y oscuridad.

Lideres que impulsan a los miembros de la organización

Pero en el trabajo no siempre el responsable hace brillar a los demás como lo hace la madre o padre con su hijo. Presión, competitividad, desconfianza, miedo al fracaso, miedo a ser relegado… Existen muchas causas por las que estos líderes se olvidan o descartan ceder el protagonismo a sus colaboradores.

Pero a veces, y creo que más de lo que podríamos creer en un principio, somos testigos de estos “líderes-faro” que quieren que los miembros de su equipo brillen para que la organización los vea como auténticas estrellas.

Este coachee mío en varias ocasiones me ha hablado de lo mucho que valora e inclusive admira a uno de sus colaboradores. Tanto es así que no ha tenido reparo en decirle más de una vez “Yo soy fan tuyo”, y delegarle responsabilidades de gestión ya que le ve un gran potencial de liderazgo. Cómo fomentar una cultura de liderazgo en la organización es sencillo, aunque necesitas una gran capacidad de autocrítica.

Esto es la base de liderazgo, no tener miedo de entronar públicamente a nuestros colaboradores y ponerlos incluso frente nosotros cuando pensamos que su contribución de valor puede ser mejor que la propia en algunos momentos, sin aferrarse al estatus quo, sin pretender tenerlo todo controlado, desterrando la creencia que el responsable debe estar siempre arriba vigilándolo todo.

Una vez otro directivo me dijo algo que todavía recuerdo: “Trabajo con mi equipo con la idea de que en el futuro alguno de ellos pueda llegar a ser mi jefe”.

Este es el liderazgo resonante que las personas y organizaciones necesitan. Y la buena noticia es que sabemos como se hace. En el último post Libros de Liderazgo Empresarial puedes encontrar material referente.

Te dejo un link a un divertido video donde verás la diferencia entre el afán de protagonismo individual y el deseo de hacer brillar a los demás. Cuando cedemos el escenario a los demás, la obra final es más bella a ojos del espectador.

Enric Arola