Hace unos días estaba leyendo la versión digital de un periódico y me encontré con una noticia que me conmovió a la vez que me hizo reflexionar. Se trataba de una juez americana que durante un juicio coincidió con un antiguo compañero del instituto, siendo éste el acusado. La vida da muchas vueltas, pero en ningún caso su señoría la juez en cuestión no se esperaba encontrar precisamente a aquella persona en el banco de los acusados. Esta es una historia verdadera que nos hace pensar en la conexión entre las cosas. No podremos entender bien la realidad sin un enfoque sistémico. Pero, ¿qué significa realmente el enfoque sistémico?

El enfoque sistémico es una manera de ver las cosas como un sistema formado por muchísimas partes que se interrelacionan entre ellas. Dicho de otra forma, se perciben todos los componentes que forman el conjunto.

Llevado el enfoque sistémico al plano personal,  muy a menudo juzgamos a las personas por lo que hacen, dicen o incluso por sus ideas. Y lo hacemos porque nos parece que, o son muy acertadas en sus planteamientos, o bien creemos que se equivocan en gran manera. Y obviamente, y aunque no seamos conscientes en esos momentos, esto pasa porque nuestro pasado nos ha hecho etiquetar las cosas de una forma u otra.

También solemos individualizar las etiquetas, es decir, juzgamos considerando una parte y no el todo. Es en este momento cuando realmente los árboles no nos dejan ver el bosque. Y es en situaciones así cuando nos volvemos “ciegos” de la realidad. Un ejemplo de ello es cuando criticamos a alguien por una conducta o acto socialmente inaceptable, pero nos olvidamos de observar detenidamente su entorno, quizás hostil o amenazante, que ha provocado esta actitud de la persona en cuestión.

La célebre frase de Jean Jacques Rousseau “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe» nos hace reflexionar sobre el espíritu limpio y creativo de los seres humanos que se da de bruces con una realidad que nos pone a prueba constantemente para mantener esta energía clara y potencialmente constructiva.

Y es allí donde volvemos a la juez americana y a su antiguo compañero del instituto, ahora acusado. La primera, con una autogestión emocional propia del cargo, le pregunta al segundo si estudió donde ella, a lo que él, sorprendido por la pregunta, le mira y rompe a llorar como un niño consciente de la vergüenza que la vida nos hace sentir a veces cuando nos hace transitar por el camino corrompido.

La juez, además, comparte de forma pública lo buen chico que era en el instituto, mostrándose triste por su situación actual y deseándole toda la suerte del mundo en el futuro.

¿Cómo juzgar según el enfoque sistémico?

Es por ello que ante cualquier persona de nuestro entorno personal o profesional que haya hecho, dicho o tenga una ideales muy censurables para nosotros, merece la pena congelar el tiempo unos segundos y preguntarse:

¿Qué ha ocasionado que esta persona haya hecho, dicho o piense de esta forma?

¿Cuál ha sido la necesidad, miedo o sufrimiento que lo ha empujado hasta aquí?

Si estas preguntas pasaran aunque fuera durante unos segundos por nuestras cabezas, las relaciones personales y profesionales serían otra cosa. Ver a las personas desde un enfoque sistémico trae beneficios inimaginables. Y Rousseau sonreiría con complicidad desde su descanso eterno…

Enric Arola