El líder complaciente es el que sufre para expresar abiertamente sus opiniones, o evita tomar decisiones que, haciéndolo, puedan ocasionar críticas o crear conflictos en su entorno. Liderar significa buscar la armonía, el máximo consenso y la unión entre los miembros del equipo. Pero también significa, ser disruptivos, ser asertivos, y provocar discrepancias para conseguir un futuro mejor.

Liderar no es fácil. Ser el responsable de la productividad y la cohesión de un equipo requiere de una serie de actitudes y habilidades para favorecer unas óptimas condiciones para que cada colaborador contribuya con su máxima versión.

Mi experiencia en el acompañamiento de directivos, directivas, y demás responsables de organizaciones de distintos sectores y culturas, me indica que, en la agenda de desarrollo personal y profesional de este colectivo, podemos distinguir dos tipos de necesidades.

Una viene marcada por los líderes asertivos y directos en la comunicación, pero con falta de sensibilidad y empatía para con los demás. La otra categoría la encontramos en el colectivo de líderes cercanos y confiables, pero con falta de valentía en la toma de decisiones impopulares o críticas.

Si nos centramos en este último colectivo podemos entender que el hecho de caer en comportamientos complacientes viene determinado por alguno de sus miedos más relevantes:

  • 1- Miedo a defraudar a los demás
  • 2- Miedo a no ser aceptado/a
  • 3- Miedo a incomodar a los demás
  • 4- Miedo a generar conflicto que rompa la “paz” social
  • 5- Miedo a equivocarse
  • 6- Miedo a quedarse solo/sola ante una situación
  • 7- Miedo a perder la confianza de los demás

Se trata de caer en actitudes de dependencia respecto a los demás, que conlleva que la persona se sienta “esclava” de la respuesta que genera en su entorno. De esta manera se convierte en “lo que los demás esperan que sea, o que haga”. No en quien él o ella “es” y desea “hacer”.

 

Esto tiene como consecuencia una baja contribución a nivel de resultados, así como una pobre toma de decisiones; dos requisitos fundamentales del liderazgo de equipos.

Cuando esto ocurre las personas de su equipo empiezan a cuestionar su liderazgo, a la vez que ven minorada su confianza, especialmente con relación a su aportación en los momentos críticos.

Cómo acompañar al líder complaciente

Ser una persona de tendencia complaciente, tiene también su cara positiva; ser alguien que genera un clima positivo alrededor, haciendo que las personas se sientan a gusto en la interlocución con esta.

De hecho, esto tiene que ser la palanca para que un líder complaciente tenga un liderazgo más asertivo.

Algunas acciones para potenciar un liderazgo menos complaciente son:

  • Diferenciar hechos de personas durante el proceso de toma de decisiones.

El líder complaciente mezcla hechos y personas al dar un “no”, o al tomar una decisión impopular. Recordar la conocida frase “suave con las personas, pero duro con los problemas” puede ser útil en estos momentos críticos.

  • Honrar el “poder posicional”, frente a la “preferencia personal”.

Un líder complaciente es fácil que haga mal uso del poder que le otorga su rol o posición dentro del sistema. Entender que la obligación de la función desarrollada obliga al ocupante a realizar la acción, ayudará a la persona a llevarla a cabo, independientemente de sus preferencias u opiniones al respecto. Para ello será bueno que la persona pueda incluso expresarlo. Ejemplo: “Yo preferiría personalmente otra alternativa, pero como responsable de esta área mi obligación es pedirte…”. De esta forma el receptor entiende que no es un tema personal, sino de asumir la responsabilidad por la posición ocupada.

  • Expresarse desde la vulnerabilidad, para compartir sus sentimientos y dudas ante una situación.

Expresar la emoción o confusión que se siente ante un hecho o decisión a tomar, y que tiene repercusión en el entorno, es una forma de compartir la dificultad ante un posicionamiento o elección, que hará que las personas afectadas puedan empatizar más con la posición del responsable, gusten o no las consecuencias de esta.

  • Establecer fechas límite para tomar una decisión difícil.

Los líderes complacientes demoran sus decisiones más complicadas, ya que intentan evitar por todos los medios un potencial conflicto con su entorno. En estas situaciones, no hacer nada puede ser incluso mucho más perjudicial que tomar una decisión que pueda desagradar a algunas personas. Para ello, puede ser una buena técnica poner fechas tope para decidir aquellos asuntos que se evitan asumir.

  • Reflexionar acerca del impacto perverso de la complacencia

A menudo se complace para gustar a los demás, pero, curiosamente, al hacerlo se consigue el efecto contrario. Los seres humanos queremos que las personas de nuestro alrededor se muestren transparentes y auténticas con nosotros, y no que nos doren la píldora, escondiendo sus opiniones o intenciones verdaderas.

  • Aceptar el precio de ser líder.

Liderar significa también estar expuesto a la crítica de los demás, e incluso a la animadversión de las personas del entorno. Un líder o una líder de un equipo no desea ser impopular, pero a veces, tiene que asumir este precio, si con ello está contribuyendo a un bien común para el conjunto de la organización.

  • Celebrar los comportamientos valientes.

Cada vez que el líder se atreve a salir de su cascarón de complacencia es un muy buen momento para reconocerse (a título personal), así como reconocerle (a título público) su acción, con la intención de reforzarla para futuras ocasiones. Porque cada vez que se pincha una pequeña burbuja de complacencia, se está en disposición de pinchar otra burbuja un poquito más grande.

¡Espero que el artículo sea de tu ayuda!

Enric Arola