¿Qué tal han ido las vacaciones de este verano? Yo, por mi parte, he podido descansar y desconectar como nunca. Los 10 requisitos para disfrutar de las vacaciones me han servido. Esto me ha servido para empezar la nueva temporada con ganas y con ideas nuevas, pero también con un propósito a cumplir: Disfrutar del trabajo de forma tranquila.

Existen dos elementos que nos permiten ser felices a nivel profesional. Uno tiene que ver con la satisfacción que nos proporciona la tarea que realizamos. El otro viene determinado por el ritmo con el que la hacemos.

Podemos estar contentos con la labor que desempeñamos, pero estar a disgusto con el nivel de estrés que tenemos. O tener un ritmo tranquilo haciendo algo que no nos motiva para nada. O, peor aún, hacer algo que ni nos gusta, ni nos deja respirar por el ritmo frenético que nos conlleva realizarlo.

De los dos elementos, el primero, la satisfacción que nos produce hacer la tarea que tenemos asignada, es el más determinante de todos, ya que hará que el segundo sea más soportable, o que estemos viviendo directamente un infierno.

Hacer lo que nos gusta es una obligación que todos tenemos con nosotros mismos, para no conformarnos con tareas que nos pueden marchitar profesional y personalmente.

La vuelta de unas vacaciones, como el inicio del año natural, es un buen momento para hacer un chequeo de lo mucho, o poco, que estamos disfrutando con nuestro trabajo actual.

En algunos casos, dar el paso para hacer algo que nos motive más no es fácil, porque hay mucho en riesgo. El liderazgo interno de cada persona será determinante para empezar a hacer tantas acciones como sean necesarias para conseguir aumentar el nivel de satisfacción profesional, aunque sea de forma lenta y progresiva. La cuestión es no tirar nunca la toalla para llegar a ser felices con lo que hacemos.

A veces podemos disfrutar mucho con lo que hacemos, pero el problema viene con el segundo elemento, el ritmo que tenemos que seguir al trabajar; bien porque este sea muy alto, o excesivamente lento.

Muy a menudo cuando pregunto a los profesionales como les va su trabajo me suelen dar una frase similar a esta: “¡Muy bien, me gusta mucho lo que hago, pero voy a tope, sin respiro…!”

 Cuando oigo esto me alegro por la primera parte, pero me sabe mal por la segunda. Incluso pienso que a veces la persona en cuestión asume la situación como habitual, y sin muchas opciones de cambiarla.

Algunas personas son conscientes de las consecuencias futuras de ir “aceleradas”, no sólo por temas físicos, sino también por las consecuencias psicológicas derivadas que pueden restar las capacidades de creatividad, resiliencia, empatía, o conexión con los demás, por mencionar algunas. Pero otras personas no se han parado a pensar cómo será su desempeño futuro si siguen “sobre-revolucionadas”.

Cómo disfrutar del trabajo de forma tranquila

Ya que estamos, para la mayoría de personas, en un momento de vuelta al trabajo con buenas intenciones, sugiero algunas ideas para aplicar, y que pueden contribuir a disfrutar del trabajo de forma tranquila.

 

Planificar de forma periódica las “burbujas de desconexión”.

Tenemos que asegurar y bloquear espacios donde no exista conexión con nuestro trabajo. Este “reseteo” nos permitirá conectar con dimensiones nuevas que nos harán aumentar nuestra energía, optimismo, e incrementarán nuestra creatividad.

No puede ser que uno acabe el día con la sensación de sólo haber estado trabajando. Como tampoco puede ser que el fin de semana sea una continuación de la semana laboral. O que reduzcamos al mínimo las vacaciones anuales. ¡No puede ser, aunque nos apasione lo que hacemos!

Cada día debe tener un espacio para hacer algo distinto y que nos ilusione. Hacer algo de deporte, vida social, vida familiar, andar, o leer son algunas de tantas opciones. Aunque sean 30 minutos habrá merecido la pena.

 

Forzar hasta cierto límite

La sociedad actual, con su alto nivel de complejidad y competitividad nos obliga a sacar lo máximo de nosotros mismos. Es por esto que de forma habitual “forzamos la máquina” para llegar a dar más y más. Y esto está bien. La mejora continua y el liderazgo exigente están muy bien. Pero cada persona debe empezar a reflexionar acerca de sus límites, para de esta forma elegir cuando forzar y cuando escoger pararse. Si matamos la gallina de los huevos de oro, todos sabemos que puede ocurrir…

Conocer nuestros límites, y saber discernir entre apretar el acelerador, y no hacerlo, será el gran reto de cada profesional; como lo es el del conductor de Fórmula 1, que decide en que curvas entra más fuerte, o en cuales lo hace de forma más suave.

Integrar como hábito un antídoto de descompresión a demanda

Meditación plena, visualización, respiración consciente, o cualquier otra técnica que nos ayude a reducir nuestro nivel de aceleración serán muy bienvenidas; sobretodo en los momentos de “crisis”, cuando el estrés y la ansiedad estén empezando a hacer estragos.

Todas las personas identificamos cuando estamos alteradas, angustiadas o saturadas. Esto es relativamente fácil. Lo complejo radica en hacer algo al respecto para volver a invitar a nuestra tranquilidad.

Porque… ¿quién no quiere estar tranquilo haciendo lo que hace?

Habrá quien diga que quiere más marcha porque si no se aburre. Pero incluso estas personas tampoco quieren llegar a estar estresadas. Quizás desean más ritmo y variedad, pero sin llegar a la saturación y a la ansiedad por descontrol.

Dar protagonismo real a nuestros “3 aliados del equilibrio personal”

Dormir suficientes horas (cada uno sabe cuántas son), alimentarse de forma sana (todos sabemos lo que no nos conviene comer), y hacer algo de deporte (cada uno pone su nivel de exigencia).

Estas son las tres “gasolinas” que debemos seguir suministrándonos de forma sistemática y constante. Nuestro cuerpo, pero sobretodo nuestra cabeza, nos lo agradecerán.

Espero que esta nueva temporada sea muy exitosa para ti, y que lo sea disfrutando tranquilamente con lo que haces.

 

Enric Arola