“El día que entendamos que TODOS somos extranjeros, empezaremos a entender que NADIE es extranjero”. Esta gran frase la pronunció mi querido profesor Itamar Rogovsky hace pocos días durante una conferencia en Barcelona sobre el sentimiento de extranjería en la organización. Así que el post de hoy va de extranjeros, refugiados y nuevas formas de organización.

El actual drama de los refugiados está poniendo una vez más en la palestra el tema de la solidaridad e inclusión ante la diversidad. Además, esto es algo que se expande sistémicamente en cualquier ámbito de nuestras vidas: relaciones familiares, profesionales, vecinales…

Debemos entender la necesidad que hace que nos de respeto, o incluso miedo, lo que es distinto a nosotros. Aunque seamos más racionales que antes, los seres humanos seguimos siendo originalmente animales, de ahí que tengamos mecanismos automáticos para evitar o sobrevivir a lo desconocido.

Entendido esto y aceptado, debemos también tomar conciencia que, en palabras del profesor Itamar, todos somos extranjeros desde el momento en que nos expulsan del vientre de nuestra madre.

Quien no ha cambiado de país, ha cambiado de región, o de barrio, o de empresa, o de puesto de trabajo, o de pandilla de amigos, o de equipo de futbol, y así podríamos seguir y seguir.

Así que nadie, absolutamente nadie, puede ser autóctono o local en todas sus dimensiones vitales.

Y cuando una persona decide, o le obligan, a hacer alguno de estos cambios de “tribu” necesita integrarse, volver a formar parte de otra tribu, ya que el ser humano no sabe ni puede vivir solo y aislado. Y como señala Itamar el extranjero viene para quedarse sin perder su identidad (ya que no puede renunciar a ella). Y si no le dejan hacer su vida normal, y en equilibrio con su identidad (aunque parcialmente la integre a la nueva situación), se revelará y luchará para poder cubrir sus necesidades.

Tenemos un sinfín de ejemplos de esto en la vida social, política, económica y empresarial, y parece que no queramos entenderlo. Cierto es que no sabemos como hacerlo; cierto es también que hemos hecho progresos ya que la vida nos empuja a integrarnos y mezclarnos en todos sus diversidades y matices.

Pero cierto es también que podemos ponerle más intención y medios, desde los gobiernos, comunidades, empresas y individuos en general, mediante las 4 reglas para liderar la diversidad para hacernos la vida más fácil los unos a los otros.

De refugiados, extranjeros y organizacion

Todos somos extranjeros en la organización

Y como sistema social que es, la organización también requiere de liderazgos valientes que no domestiquen a sus integrantes intentando crear culturas monocromáticas o exclusivas, sino más bien espacios de encuentro entre esta enorme diversidad vital. Hace algún tiempo escribí un post sobre los cómo gestionar la diversidad empresarial.

Es por ello que cada vez hay más empresas que apuestan por medidas que van en esta dirección, como por ejemplo:

  • Potenciar plantillas, empezando por el comité de dirección, con alta diversidad cultural donde sus miembros provienen de diferentes latitudes y orígenes
  • Favorecer canales de comunicación y eventos donde el intercambio de ideas genere debates entre perspectivas o ideas muy diversas
  • Incluir en los valores corporativos principios que sean sensibles a la diversidad y la promuevan para potenciar relaciones, creatividad e innovación en la organización
  • Políticas, procedimientos y normas que incluyen y protegen a todas las distintas sensibilidades
  • Programas de desarrollo y formación que impulsan la gestión de la diversidad, así como el conocimiento de otras culturas, lenguas, maneras de hacer, aspectos generacionales, etc.

Me gustaría acabar este artículo recomendándote visionar el siguiente vídeo para poder ver un espectáculo de danza de unos bailarines suecos sobre la situación actual con los refugiados en el mundo.

Sufrimiento, tesón, lucha y pasión por la vida. Esto es lo que nos muestran cada día todos los refugiados del mundo. Y todos ellos somos nosotros.

Enric Arola