En Coaching nos gusta decir que el proceso de desarrollo consiste en saber cómo salir de nuestra zona de confort para poder conseguir tener una vida más alineada con nuestros deseos y objetivos.

 

La zona de confort es aquella forma de hacer que viene condicionada por lo que ya conocemos, nos es fácil, y minimiza cualquier riesgo futuro.

Pero entrar en nuestra zona de confort también puede significar apalancarse o conformarse con algo que. aunque no nos satisfaga al cien por cien nos mantiene con una “cierta” tranquilidad. Mientras tanto se observa lo abrumador y desgastante que puede ser el estar “ocupados” en otras cosas.

Es como quedarnos en nuestra casa un sábado o domingo cualquiera tumbados en la cama, o en el sofá viendo la televisión, mientras fuera existe un sinfín de sitios, personas y experiencias nuevas por descubrir.

Y tenemos que admitir que, siguiendo con la metáfora, quedarse en casa dormitando puede ser algo genial, y sea lo que verdaderamente necesitamos o queremos hacer. El problema viene cuando, al hacerlo, nos sentimos con una sensación de vacío o remordimiento. Éste es precisamente el aviso que nos muestra que la comodidad está empezando a comerse nuestra felicidad. Y esto nos pasa en muchos momentos y situaciones de la vida.

Cuando esto ocurre nos cuestionamos lo que hacemos, nuestras prioridades, y los resultados que obtenemos en nuestro día a día. Y luego tomamos conciencia de que quizás es el momento de hacer algo distinto, aunque ello signifique salir de nuestra zona de confort.

El Coaching o desarrollo profesional significa acompañar a la persona a transitar un proceso de cambio personal que le supone incomodidad. Si ésta no existe no se produce avance, ya que estaríamos haciendo lo de siempre, lo fácil y conocido.

Lo más interesante, curioso y a la vez gratificante de un proceso de Coaching es saber que el participante del mismo es el primero en pedir que se le acompañe a salir de su zona de confort. El mismo decide visitar rincones oscuros de su vida actual, porque haciéndolo podrá llegar a una nueva sala en su vida donde existe mucha más luz y plenitud.

A través de peguntas incómodas llegamos a encontrar la felicidad

Muy a menudo ocurre que este deseo de la persona se manifiesta verbalmente, pero el resto de su cuerpo, o incluso sus acciones del día a día, manifiestan lo contrario. Y esto es lo verdaderamente retador un proceso de crecimiento: ser testigos de esa lucha interna. Una lucha que existe en el interior de la persona entre querer ser mejor y más feliz, o seguir estando tranquilo y sin riesgos aunque ello signifique no conseguir todo lo que se desea.

Cómo salir de nuestra zona de confort

De vez en cuando, aunque nos asuste escucharnos, es bueno hacernos preguntas incómodas sobre nuestra felicidad. Es por ello que te animo lector a que te preguntes:

¿Cómo podría salir de mi zona de confort para sentirme mucho mejor conmigo mismo?

¿Cómo podría salir de mi zona de confort para ser más feliz en mi trabajo?

¿Cómo podría salir de mi zona de confort para ser más feliz con mi pareja?

¿Cómo podría salir de mi zona de confort para tener una relación más plena con mis hijos, padres, hermanos, amigos, vecinos…?

Ser consecuente con las respuestas significa poner a prueba nuestro liderazgo interior, y aunque asusten las respuestas (esto ya es una buena señal), de cada uno depende elegir el próximo movimiento.

Al final, la vida se nos presenta como un juego, largo y de reglas complicadas, en el que a menudo debemos escoger entre vivir felices o vivir cómodos. ¿Qué sería pues buscar continuamente la felicidad (en esto consiste vivir, ¿no?), decidiendo cuando y cómo vivo la incomodidad para vivir mejor en el futuro?

¡Abracemos pues la incomodidad que nos conduce a la felicidad!

Enric Arola