Esta semana he estado realizando una sesión con un equipo de una organización de servicios. Se trata de un equipo muy maduro, ya que la mayoría de sus miembros se conocen desde hace mucho tiempo y llevan desarrollando su función de una manera muy entregada y profesional. En este artículo me gustaría reflexionar acerca de cómo favorecer el desarrollo del equipo.

Llevamos acompañando a este equipo de forma regular desde el 2009 y en función de su momento “vital”; es decir, de sus necesidades puntuales. Cuando empezamos a acompañarlos teníamos programada una sesión mensual de entre 3 y 4 horas. Hoy en día, y después del largo camino recorrido, la alianza creada entre el equipo y nosotros (los facilitadores) consiste en hacer una sesión cada 3 meses aproximadamente.

Se trata de tomar la temperatura emocional del equipo, sondear las tendencias de acción de este, reajustar el alineamiento entre sus integrantes, y reflexionar acerca de su contribución de valor dentro de la empresa.

Esta forma de abordar el desarrollo en un equipo es posible que se dé sólo en los grupos que han experimentado una primera fase consistente en una inmersión intensiva y limitada en el tiempo para diagnosticar impactos, acordar propósitos, y estructurar roles.

Durante la primera fase de intervención los miembros del equipo son conscientes de su impacto individual dentro del grupo, así como del aumento de competencia respecto a tratar las disfunciones de este.  Una vez superada esta primera fase, los integrantes se dan cuenta que ya no progresan tan rápidamente y de forma tan efectiva como lo hacían antes.

De ahí que sus integrantes pueden incluso pensar que se encuentran dando pasos atrás en relación con su evolución como sistema.

Además, en muchos casos, una experiencia personal insatisfactoria como integrante puede hacer pensar al afectado o afectada que su equipo, en lugar de crecer, está involucionando.

Se trata de una percepción injusta y que, queriéndolo o no, causa un impacto negativo en el resto de sus integrantes; ya que el equipo, en tiempos mejores o peores, ha ido adquiriendo más recursos y dinámicas positivas que volverá a sacar a la luz cuando se ponga el foco adecuado.

A su vez, esta percepción “miope” de su momento de desarrollo es un indicador de que seguir progresando como equipo cuando se ha llegado a un nivel, cuesta más que antes. Al igual que estudiar un idioma, al principio el aumento de competencia es enorme, y esto va disminuyendo progresivamente a medida que se tienen más conocimientos. Y, siguiendo con la misma metáfora, si no se sigue practicando, es posible que se olviden algunos mecanismos esenciales para mantener un buen nivel.

 

Cómo favorecer el desarrollo del equipo

Los líderes, así como los profesionales que acompañamos a equipos y a organizaciones, debemos influir a sus integrantes a partir de las siguientes consideraciones:

  • El equipo realiza más MOVIMIENTOS para seguir creciendo de los que sus integrantes reconocen.
  • Siempre hay una mayor NECESIDAD para seguir desarrollándose de la que sus miembros aceptan de forma natural.
  • Es responsabilidad de CADA miembro del equipo hacer que este crezca.
  • No se trata tanto de esperar a ver lo que cambia, sino empezar a hacer cosas para “SACUDIR” creativa y positivamente al equipo para que empiece a plantearse cosas nuevas.
  • Lo que ahora no cuaja, puede ser la CHISPA para un cambio futuro.

 

Las 4 reglas de oro para favorecer el desarrollo del equipo

 

  • Creer en el proceso

Los integrantes de un equipo, empezando por su líder, necesitan creer en el proceso de desarrollo del equipo para que este sea un éxito. Si esto no ocurre, toda la inversión en tiempo, energía y dinero va a caer en saco roto. Sería como acudir a un examen pensando que se va a suspender y, por ello, no vale la pena dedicar muchas horas de estudio.

  • Hablar bien del proceso

Al mismo tiempo, los integrantes de un equipo que deseen seguir evolucionando como sistema, deben ser impecables con el uso de sus palabras al referirse a su proceso de desarrollo. Por descontado, el líder, una vez más, es el primero en dar ejemplo, pero también se debe llegar a un acuerdo entre todos los integrantes para que todos hablen positivamente del mismo. Hacer lo contrario, desanimará no sólo a la persona que emite los juicios negativos, sino también al resto de compañeros y compañeras que pueden llegar a perder la fe en crear un equipo productivo y cohesionado.

 

  • Contribuir Individualmente

Muy a menudo el equipo no avanza tanto como sería deseable porque los integrantes de este están más pendientes de lo que hacen los demás para favorecerlo, que de lo que hacen ellos mismos. Se trata de animar a que cada uno, y cada una, saque su mejor versión para hacer todo lo posible para construir un equipo mejor, olvidándose de lo que hacen el resto de los compañeros y compañeras. Es importante que cada miembro se sienta co-rresponsable de esta labor. Es de líderes pasivos y reactivos no actuar poniendo de excusa la inacción del resto.

 

  • Saber disfrutar, y sufrir, del proceso

Crecer significa, por definición, esforzarse. Y esforzarse, como pasa con los deportes, significa a su vez disfrutar y sufrir. Hacer un deporte de competición sin disfrutar y sufrir al mismo tiempo es imposible; o al menos, es garantía de fracaso a corto plazo. Un proceso de desarrollo de equipo también requiere de los dos ingredientes; no sólo de uno de los dos. Porqué crecer significa disfrutar de los nuevos logros y progresos, a la vez que conlleva el sacrificio de integrar nuevos hábitos y creencias que no se dominan y que, por consiguiente, requieren de mucha dedicación y esfuerzo.

 

Así pues, para seguir desarrollándonos como equipo, debemos cumplir con estas sencillas 4 reglas. Haciéndolo, nuestro equipo ya estará empezando a moverse con destino a la excelencia.

Enric Arola