En el anterior artículo empecé a escribir sobre las claves para emprender desde dentro de la organización, indicando los primeros 4 aspectos que determinan el éxito de los profesionales emprendedores. En este artículo voy a escribir sobre las otras 4 claves que se requieren para añadir valor en nuestro entorno laboral de forma exitosa.

Las cuatro claves para emprender, comentadas en el artículo anterior son:

  1. Poner la energía en el sitio correcto
  2. Estar en movimiento continuo
  3. Reinventarse de forma sistemática
  4. Soltar para poder fluir más

 

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Las otras 4 claves que nos harán reflexionar sobre como emprender dentro de nuestras empresas, y proyectos profesionales, son las siguientes:

 

  1. Mejorar el proceso de trabajo

 Cuando emprendemos además de empujar las acciones que se demandan en cada momento, estamos también, al mismo tiempo, mejorando todos los procesos que integran estas acciones, y que nos permitirá aprender de las experiencias exitosas para replicarlas en el futuro, si es necesario, de una forma rápida.

Los cocineros de alta cocina son profesionales obsesionados por documentar todo aquello que elaboran, y que ha significado un logro culinario. Es tal el nivel de complejidad y sofisticación en la elaboración de los platos, que ir ajustando la receta hasta el más mínimo detalle se convierte en una obligación.

Es por ello que los profesionales emprendedores aprovechan las actividades, e hitos profesionales, para ir actualizando sus lecciones aprendidas, confeccionando procedimientos bien definidos, donde se recogen todos los conocimientos obtenidos.

Aunque suponga un tiempo extra el rediseñar el proceso, vale la pena invertir este espacio en el presente, para poder tenerlo más fácil en el futuro. Y la gran recomendación tiene que ver con hacerlo en el momento de la acción, o justo inmediatamente después de la misma, ya que si no hace así, es posible que se pierda la esencia, la fórmula mágica, del éxito o logro conseguido.

 

  1. Compartir con personas desde la generosidad y la vulnerabilidad

No asumo, ni entiendo, la capacidad de emprender, sin que esté vinculada a la necesidad de compartir con los demás. Emprender es algo mayúsculo, ya que requiere de mucha energía para poder romper esquemas que hagan posible conseguir lo que no se ha logrado hasta el momento, desafiando al mismo tiempo las resistencias iniciales.

Por muchas capacidades, y potencial, que tenga un profesional como individuo, nunca será más completo, rico y diverso, que el entorno en el que opera, que el mercado al que da servicio, o que la vida en sí misma. Es por ello que emprender de forma solitaria supone un alto riesgo que no nos podemos permitir si queremos asegurar un buen proyecto, producto, o servicio final.

Los profesionales emprendedores son aquellos que tienen claro que necesitan a los demás para realizar su contribución de valor y, además, tienen claro que la generosidad y vulnerabilidad son dos ingredientes indispensables para crear alianzas y compromisos saludables.

Generosidad para compartir visión e información, así como para dedicar tiempo y energía sin estar midiendo constantemente el balance entre lo que se da y lo que se recibe. Y también vulnerabilidad para compartir desde la autenticidad y naturalidad, con una comunicación transparente y sin agendas ocultas, para poder expresar las ideas y sentimientos que, como humanos, nos visitan constantemente.

Cuando existe conexión entre las personas todo es más fácil, e incluso los retos más inciertos pueden llegar a ser aventuras a disfrutar. Por eso cuando existe química con otros profesionales es bueno explorar nuevas colaboraciones aunque no exista todavía un proyecto o actividad inicialmente definida. En todo caso, la necesidad ya se especificará y se cubrirá posteriormente, pero el equipo unido y cohesionado ya estará a punto.

 

  1. Chequear si las decisiones y acciones son creativas o reactivas

Los emprendedores, como cualquier profesional, y como cualquier ser humano, no es infalible y constructivo en todo lo que hace. Por una parte, tiene su versión más positiva, creativa y expansiva, creando beneficio y bienestar para sí mismo, y también para los demás.

Pero, por otra parte, tiene su versión más reactiva, creando un impacto negativo a su alrededor que, aunque muy a menudo no es intencionado, puede llegar a crear confusión o toxicidad. Es ley de vida, y todas las personas necesitamos entender que nuestras acciones transitan por un umbral, formado por muchos factores, que determina cuando éstas acaban siendo creativas o reactivas.

El profesional emprendedor es el que aprende a distinguir y a tomar conciencia de sus acciones, hasta el punto de potenciar su actividad creativa, en detrimento de su actuación reactiva. Hacer esto no es nada fácil, ya que el ser reactivos a menudo parece ser la única opción que nos queda para solucionar situaciones muy complejas, e incluso retadoras. Es por ello que necesitamos entender que la reactividad es una manera de utilizar unos recursos que nos solventan, aunque sólo sea en el corto plazo, necesidades importantes que debemos cubrir.

El problema es que, siendo reactivos, estamos demorando el problema a futuro, a la vez que estamos causando dolor, no sólo a nosotros mismos, sino también a las personas de nuestro entorno. Cuando formamos parte de una organización, hay momentos que el entorno es tan hostil que acabamos utilizando todas las “armas” que tenemos en nuestras manos para salir airosos de algunas situaciones. Y, en estos casos, sabemos que no lo estamos haciendo con un enfoque ganar-ganar, que genera positividad a nuestro alrededor, sino más bien estamos pagando un peaje que puede ser muy alto, al estar deteriorando alianzas y planes de futuro.

 

Así pues, es importante darse cuenta de lo que generan las actitudes reactivas, y si realmente queremos emprender, debemos saber que no todo vale si se quiere construir un futuro exitoso. Ya que, si no se hace desde una buena base, tarde o temprano los cimientos no aguantarán y el proyecto fracasará.

 

  1. Ser consciente del grado de satisfacción actual

Por último, es importante también tomar conciencia de que no podremos emprender exitosamente, sino disfrutamos haciéndolo. Por mi dedicación profesional, veo muchos profesionales que están sufriendo mucho en su momento laboral actual. Son personas que, en el mejor de los casos, hacen una actividad que les gusta y que tienen la responsabilidad de llevar a cabo proyectos muy interesantes, y de gran valor añadido parar la organización donde prestan servicio. Pero, aún y así, no son felices. Como ser felices liderando personas es una tarea que requiere de mucha autoconcienciación.  Padecen más que se divierten. Han llegado a un punto de cansancio físico, mental, o ambos, que desean cambiar de rol, de organización, de interlocutores, o esperar a que no tarde mucho en llegar su jubilación.

Los profesionales emprendedores de las organizaciones necesitan sentirse felices y realizados, mientras ejecutan sus actividades, sintiendo a la vez que los beneficios y recompensas físicas y psicológicas son mucho más altas que las desventajas, frustraciones, o incomodidades que la misma emprendeduría de su función comporta. Sólo así podrán seguir luchando su día a día para emprender nuevas acciones de valor para el futuro de la organización.

Preguntarse a uno mismo, de vez en cuando, si estoy disfrutando más que sufriendo, es una buena manera de chequear nuestra energía y paz interior, lo cual nos ayudará a tomar decisiones importantes a beneficio de nosotros mismos como individuos, de nosotros como equipo, y también de nosotros como organización.

Espero que el haber leído estas 8 claves para emprender desde dentro de la organización te hayan servido para reflexionar acerca de tu momento profesional actual y que, como consecuencia de ello, puedas tomar alguna decisión, por pequeña que sea.

Porque… ¿De qué sirve reflexionar si no se genera un impulso a la acción?

 

Enric Arola