“No podemos relajarnos. No podemos parar. Hay que hacer más, más rápido, y mejor”. Así es como piensan (o actúan) muchos profesionales en la actualidad. Y en parte no les falta razón, ya que el mercado, los clientes, y la sociedad en general, empujan para que obtengamos más servicios, más productos, más dinero… Pero también es una realidad que muchos de estos profesionales están atrapados en una espiral de trabajo que les mantiene en un ciclo de insatisfacción y malestar que les consume poco a poco. Este artículo lo dedico a los 4 consejos que ofrezco y aplico para mantener la salud al trabajar.

Estamos saliendo poco a poco, al menos es lo que queremos pensar, de la cueva de la crisis económica de los últimos años. Es casi ya una década sufriendo para mantener un nivel económico personal y profesional que nos permita asegurar en lo posible el bienestar al que estábamos acostumbrados antes del 2007.

Muchos hemos tenido que levantarnos, reinventarnos y empujar los días para ser más productivos que nunca. A menudo se ha confundido la productividad con el aumento de horas de producción, de tal manera que unos y otros hemos entendido que para tirar adelante, a nuestras familias, empresas y sociedad teníamos que dedicarle muchas más horas.

Como siempre, esto es verdad…. parcialmente. Hay un punto de inflexión donde el seguir incrementando una fuerza no genera más resultados sino lo contrario, disminuyen, o peor, desaparecen por completo. Antes de entrar en cuestiones puramente laborales, es bueno hacer una introspección y dedicarle tiempo al proceso del cambio personal para que haya sintonía.

Como resultado de eso nos encontramos con:

  • Aumento del cansancio físico
  • Bajada del rendimiento
  • Disminución de la concentración
  • Aumento de episodios de ansiedad y estrés
  • Empeoramiento de las relaciones interpersonales en el trabajo
  • Desestructuración familiar (conexión con la pareja, con los hijos…)
  • Ausencia de vida social
  • Prescindir de hábitos saludables (ejercicio físico, dormir suficientes horas, buena alimentación…)
  • Etc.

Como trabajar con salud y felicidad

Dejemos de hurgar en la herida, y concentrémonos en cicatrizarla con estas 4 recomendaciones para mantener la salud personal en el trabajo.

4 consejos para mantener la salud al trabajar

Si consideramos estos 4 consejos para mantener la salud al trabajar llegaremos a alcanzar la felicidad laboral.

  • Definir lo que quiero dejar de hacer. Estamos acostumbrados a poner más y más cosas a la cesta de nuestra vida, pero ¿es acaso esta cesta infinitamente grande? ¡Por descontado que no! Es más, cuando la cesta rebosa de cosas empiezan a caerse y nos daña a nosotros y a los de nuestro entorno. Así pues, antes de apuntarse al gimnasio o decidir dormir más durante la noche, es importante empezar decidiendo las actividades o acciones que quiero abandonar. La mayoría de veces fracasamos porque queremos añadir acciones o actividades nuevas que ya no caben en nuestra vida, y esto acaba por frustrarnos y desmotivarnos. Tener en cuenta que el para qué importa más que el cómo.

¡Truco!

Haz una lista de las cosas que quieres dejar de hacer en tu vida (aunque no tengas ni idea de cómo lo vas a hacer).

  • Busca tus aliados. Dejar de hacer cosas o abandonar hábitos que voy haciendo de forma regular no es nada fácil. Todo esto lo hago por algo. No es gratuito. Existe una necesidad detrás de ello. Por esta razón necesito personas de mi entorno que me acompañen durante mi proceso de “desintoxicación” y que me hagan de soporte durante los momentos en los que yo sólo no puedo porqué mi “cabra tira al monte”. Para que sea efectivo debo hacer una buena alianza con estas personas acordando hasta qué punto me pueden dar soporte durante este proceso.

¡Truco! 

Anotar para cada cosa que quiero dejar de hacer, la persona (o personas) que me podrán ayudar durante el proceso de “desintoxicación”.

  • Establece períodos de prueba con fecha de caducidad. Para abandonar hábitos no deseados primero hay que probar como puedo vivir sin ellos. Es como si aceptásemos pasar un tiempo sin ellos y sin ningún compromiso de abandono definitivo. Es decir, nuestro cerebro, así como corazón, deben entender que es una pausa respecto a lo que se hacía hasta ahora, y que me reservo el derecho a volver “a las andadas” si la “nueva vida” no me satisface tanto como seguir con los hábitos antiguos. La experiencia nos dice que al probar un período razonablemente largo (45 días aproximadamente) nuestra mente y cuerpo agradecen estos nuevos hábitos y los integran de forma fácil y sin resistencia, y por lo tanto es más probable que se desee hacerlos perdurar en el tiempo. Es clave hacer seguimiento con los aliados durante el proceso.

Ahí viene la parte más retadora:

¡Truco!

Durante un período de 45 días abandona las acciones o actividades que has decidido dejar de lado en tu vida personal o profesional porque te perjudican más que benefician. Hazte la promesa personal de que al finalizar el período los podrás recuperar si así lo deseas.

  • Una vez transcurridos los 45 días pueden pasar dos cosas.

Primera: He aceptado plenamente dejar alguno o todos los hábitos que quería abandonar. Es el momento en el que hago balance y tomo consciencia (cambio paradigma) que estoy en el proceso de integrar alguno de los nuevos que he usado en lugar de los viejos, o de llenar el vacío con otros nuevos todavía más saludables o gratificantes para mi.

Segunda: No acepto dejar los viejos hábitos, ya que transcurridos los 45 días, me he dado cuenta de lo importantes que son para mi. Este proceso puede llevar a “hacer las paces” conmigo mismo y dejar de resistirme a ellos. Al mismo tiempo, y si algo me sigue faltando para tener una vida personal o profesional más gratificante, puede que haga una nueva lista de otros hábitos actuales que quiera también dejar, con lo que volvería a buscar los mejores aliados para vivir otro período de 45 días sin estos otros hábitos.

¡Truco!

Después del período de 45 días haz balance de la “nueva vida” sin los hábitos antiguos. Si no los hechas en falta o has reducido su impacto, ¡enhorabuena lo has conseguido! Si no es el caso, ahora sabes que debes cambiar de estrategia (probando abandonar otros hábitos), o intentar la misma más adelante.

Sea como sea, el cambio vendrá siempre por retar, de forma continua, firme y acompañada, las acciones o actividades que intuimos que nos perjudican más que benefician.

Mucha suerte y, recuerda el último ¡truco!:

Primero pruébalo con mucha disciplina y tesón… Y luego decide.

Enric Arola