Normalmente asociamos la palabra “emprendedor” a los profesionales que inician proyectos como empresarios o autónomos. Pero también es muy lícito usar esta palabra para referirnos a los mismos profesionales que trabajan por cuenta ajena en cualquier organización. Hoy vamos a ver que significa emprender desde dentro de la organización.

Emprender significa poner en marcha una actividad, desde la iniciativa y la firma voluntad para conseguir hacer realidad un propósito que incremente valor al entorno. Las compañías necesitan personas que, desde la proactividad y el compromiso, posean un carácter emprendedor que haga realidad los proyectos organizativos.

Emprender un cometido supone poner en prácticas una serie de competencias que, por retadoras y a veces también por desconocidas, requieren mucho entreno y energía.Si conseguimos ir mejorando nuestra habilidad en cada una de estas competencias, podremos llegar a aumentar de forma exponencial nuestra contribución de valor en la organización en la que estamos.

 

8 Claves para emprender desde dentro de la organización

 

  1. Poner la energía en el sitio correcto

Un día, un destacado directivo de una multinacional me comentaba que su forma de trabajar estaba basada en centrarse en la Ley de Pareto cuando tenía que organizarse y distribuir su tiempo y sus recursos.

La clave estaría en dedicarse al 20% de asuntos o temas que son los responsables del 80% de los éxitos y de los niveles de productividad esperados. Para que esto sea posible es del todo necesario saber identificar los aspectos realmente estratégicos y determinantes para conseguir los retos establecidos para la organización, y ponerle ahí toda la energía y dedicación. Es como saber escoger muy bien las batallas a luchar, y dejar las que nos van a quitar energía y que no nos están acercando a nuestros objetivos.

Los profesionales emprendedores son los que se dedican a entender cuáles son las contribuciones específicas que la organización espera de ellos y de sus áreas, y establecen planes de acción para centrarse de forma intensiva en ello, evitando caer en la dispersión.

Cualquier profesional por cuenta propia sabe el alto precio que se paga por el mero hecho de dispersarse, o perder el foco. Esto mismo, desafortunadamente, les pasa a menudo a muchos profesionales por cuenta ajena, incluyendo responsables y directivos, lo cual resta mucha capacidad productiva y organizativa para la empresa.

El problema es que ésta, si es de gran tamaño, tiene tal velocidad de crucero que puede matizar o camuflar tal ineficiencia, lo cual va carcomiendo la fuerza creativa de la organización. Salir, pues, de esta espiral perversa generada involuntariamente por los grandes sistemas, es obligación, y compromiso individual, de todos los profesionales emprendedores.

  1. Estar en movimiento continuo

El manual de cualquier experto en supervivencia sabe que el riesgo se multiplica cuando la persona se queda estática de forma prolongada en entornos de peligro. Para poder tener opciones de salvarse es preciso moverse de un sitio a otro, eso sí, con sentido y planificación.

Las organizaciones son activas por naturaleza, ya que, si no lo son, el mercado, tarde o temprano, las acabará arrinconando. Estar en movimiento no significa ir desbocado y estresado, sino estar en sintonía con lo que ocurre alrededor. Si el entorno se mueve, sería una irresponsabilidad quedarse anclado en el statu quo.

En un entorno actual tan incierto y complejo es fácil caer en la trampa de asegurar el tiro, intentando planificar muy bien para no cometer errores. Es más, existen tantas variables a considerar, que sucumbimos a la parálisis por el análisis fácilmente. Todavía nos cuesta entender que a menudo es mejor hacerlo suficientemente bien pero a tiempo, que hacerlo de forma brillante pero fuera de plazo o cuando la oportunidad ya ha pasado.

El profesional emprendedor actúa rápido. Si se compromete con alguna acción la realiza en plazo, sino antes. Y su clave, para ello, está en ponerse manos a la obra tan pronto como le es posible, aunque el plazo de ejecución le permitiría posponerlo por un tiempo. Aunque existen aspectos o situaciones que requieren de una reflexión profunda y sosegada, la verdad es que en los actuales entornos de negocio es más prioritaria la necesidad de saber cómo decidir rápido, que la de tomárselo con calma.

 

  1. Reinventarse de forma sistemática

Otro directivo me comentaba la gran ventaja competitiva que supone el empezar a cambiar cuando las cosas van bien. Sí, cuando las cosas van bien. Porque si algo es cierto es que la situación económica, productiva o social puede hacer que, tarde o temprano, los números azules se vayan volviendo un poco naranjas, si no existe la desgracia de llegar a verlos rojos.

Cuando el velero va a toda vela, sin resistencia alguna, con el viento a favor, es momento para poder hacer algunos ajustes en la embarcación para cuando la tormenta, y el viento en contra, no lo permitan. Si una organización quiere hacer cambios cuando la cosa se tuerce, es muy posible que, ni exista el tiempo, ni los recursos económicos, para poder abordarlos.

Así que muy a menudo, la creencia de que algo que funciona muy bien mejor no tocarlo, es más que cuestionable, sobre todo en el ámbito de los negocios. El profesional emprendedor sabe que no puede vivir de rentas y, aunque celebre los éxitos conseguidos, le dedicará también tiempo y recursos a ir realizando los cambios necesarios para ir asegurando un futuro exitoso.

  1. Soltar para poder fluir más

Emprender también significa desprenderse de hábitos, actividades o recursos que aumentan la resistencia al cambio, o a conseguir los objetivos personales, de equipo y de la misma organización. Quizás en el pasado todas estas cosas nos ayudaron a lograr los retos del momento. Quizás nos hicieron más fuertes, o nos permitieron defendernos de obstáculos y riesgos. Pero es imprescindible tener claro que difícilmente me servirá para el futuro lo que me sirvió para el pasado.

Dejar atrás, y desterrar, algunos hábitos no es nada sencillo, ya que llegamos a sentir que son parte de nosotros mismos. Pero también es cierto que nuestro sentido común, o a veces a través de nuestra intuición, nos va avisando de que se necesita empezar a abandonar todo aquello que no nos ayudará a emprender y conseguir los objetivos marcados.

Los profesionales emprendedores de las organizaciones son aquellas personas que saben cambiar de estrategia, de criterio, y de metodología, cada vez que el propósito lo requiere, desapegándose de lo anterior, y desaprendiendo lo que ya no nos ayuda. No son profesionales de planteamientos binarios, de blanco o negro, sino más bien de enfoque unitivo e inclusivo, donde todo tiene su verdad parcial, y todo es relativo y, por lo tanto, todo es susceptible de cambiar de enfoque.

Hasta aquí las 4 primeras claves para emprender dentro de la organización. Espero que te sirvan para reflexionar sobre tu situación actual a nivel profesional. En el próximo artículo explicaré las otras 4.

 

Hasta entonces te animo a empezar a hacer, si lo crees oportuno, algún ajuste en tu día a día como profesional emprendedor que eres, para aumentar tu satisfacción personal, así como la aportación de valor que realizas en tu equipo y en tu organización.

 

Enric Arola

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